Derrotero del poeta Jon Andoni Goikoetxea

¡Estoy exhuberante,
kuá, kuí!

Jon Andoni Goikoetxea, Colección de Perlas, La Galleta del Norte (Barakaldo 1993)


Luciano Brindavino conoció a Jon Andoni Goikoetxea cuando, a principios de los 90, éste fue a Zumarretxu a leer sus poesías, acompañado de otros miembros de La Galleta del Norte, legendario taller literario de la margen izquierda. Allí les esperaban algunos miembros de un efímero colectivo con inquietudes artísticas llamado Hits & Fits banda.

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El recital que ofrecieron tuvo dos partes. Los teloneros, entre los que se encontraba Brindavino, fueron cuatro miembros del grupo local. Leyeron unos poemas de Gimferrer. Después le tocó a Goiko el turno de recitar sus poesías. Los que asistieron a la velada jamás olvidarían la declamación florida, contundente de aquellos poemas donde las palabras parecían cobrar nuevo sentido. Se les ofrecía un lenguaje totalmente nuevo que bebía de las aguas del instinto para hacerse universal.

PLAN

Plán, plí
Plán, plí
¡Plán!

Plán, plí
Plán, plí
¡Plán!

Plán, plí
Plán, plí
¡Plán!

¡Plán!
¡Plán, plán,
plán, plan!


Desde aquel día Brindavino no tuvo más noticia de su vida y obra. Se conformó con releer con deleite la Colección de perlas, escuchar la cinta con los poemas recitados por el maestro y, cómo no, recitar sus poemas con sus amigos en las cenas de cuadrilla. También propuso a varios grupos de rock local que incorporaran algunos fragmentos de la Colección de perlas a sus pruebas de sonido. Y así, del martilleante uno, dos, uno, dos, probando…, repetido hasta la saciedad, se pasó al, por ejemplo:

¡Katapaltú!
¡Katapaltú!
¡Katapaltú!

¡Bron! ¡Bron! ¡Bron! ¡Bron!



Pero todo cambió el primer día de 2006. La casualidad hizo que a Luciano le diera por ordenar sus cosas y que en una caja de farias se encontrara con la foto de familia de aquel recital (ver foto, Goiko está a la izquierda del todo). Después se le ocurrió mirar en el google a ver si había alguna referencia a Goiko y, mira por dónde, entre la marea de Jon Andonis Goikoetxeas futbolistas, apareció uno poeta en la coctelera. Así que se adentró en la página y allí se llevó la primera alegría del año. ¡El poeta baracaldés seguía en activo! El 18 de noviembre, sin ir más lejos, actuó en la sala Plexiglás de Bilbao.

Luciano se prometió en adelante estar al loro por si al poeta se le ocurría dar otro bolo y se despidió deseando para todos un año de amistad y armonía.

Los sastrecillos valientes

Brindavino recordaría en la última tarde del año en Pipienea aquella época en las que usaba vaqueros. Tendría unos veinte años cuando se acostumbró a que los pantalones y las chaquetas se los hiciera su padre, que era sastre.

En los años 70, cuando Luciano era chico, se trabajaba bastante, pero llegó el corte y confección y se llevó casi todo el gremio al garete. Hacerse un pantalón a medida salía caro, y no digamos una chaqueta o un abrigo. Para que un sastre te hiciera la ropa, o te sobraba el dinero, o eras hijo de sastre. Y así le tocó a Brindavino. Desde muy joven vistió como si hubiera nacido cuarenta años antes y aprendió a conocer el efecto que su vestimenta producía en las personas. Una vez que Adela y Luciano iban a un concierto que había en la sala jam de Bergara, pillaron a dedo a una pareja de jóvenes punkis, chupa de cuero, pelo rapado y tal. Subiendo descarga el chico le preguntó a Brindavino:

- ¿Dónde te hacen la ropa? Cuando te vemos en el bar nos hemos fijado que tu ropa no tiene marca.

Luciano se quedó flipado con lo que se fija la gente. Seguro que ya me han puesto un mote, pensó y su corazón sonrió para sus adentros.

Y aquello mismo estaba pensando Luciano aquella última tarde del año en Pipienea, mientras esperaba a que Adela saliera de la ducha, y oteaba en la oscuridad del pasillo la silueta de Locosueño.

Urte Berri On


Mickey a los 60 (Ilustracion de William Stout) Posted by Picasa